por: Ignacio Darnaude Rojas - Marcos
LOS MOTIVOS DEL NO-CONTACTO EXTRATERRESTRE
Consecuencias socioeconómicas y geopolíticas de un eventual contacto abierto
MODELOS DE CONTACTO CON LA INTELIGENCIA EXTERIOR
No hay constancia a lo largo de la historia de ninguna vinculación cara a cara con forasteros del espacio. Sí se han detectado en cambio diversas modalidades de intercambio indirecto, disimulado, individual, esporádico y que por no llamar la atención y resultar incomprobable nunca ha trascendido de forma inmediata a la sociedad en su conjunto. La comunicación interplanetaria ciertamente existe aunque no lo parezca, y es de carácter restringido, unilateral ( de los visitantes a nosotros y no a la inversa ) y camuflado mediante teatrales disfraces psicológicos y sociales.
El campo de influencias transplutoniano ha puesto en juego variopintos procedimientos intencionales, escenificados con exquisitas precauciones, con el estudiado propósito de darse a conocer gradualmente, sin aspavientos y a "cámara lenta". Una táctica asaz inteligente de infiltrar conceptos revolucionarios en la mentalidad colectiva, modificando a la par y en la dirección deseada ( erradicación del egoísmo ) las actitudes y comportamientos de la población. Todo ello sin poner sobre aviso a las autoridades ni desestabilizar el medio terrestre.
Citaremos aquí tan sólo la categoría principal del mencionado abanico de semiescondidas relaciones interdimensionales: el trasvase selectivo de información manipulada a través de muchas decenas de miles de contactados repartidos por todos los confines del globo terráqueo. Los telegrafistas psíquicos cumplen una útil misión en su calidad de inconscientes quintas columnas a las que los tutores planetarios están dictando cientos de millares de páginas saturadas de extraños mensajes, divulgados con ánimo de educar sutilmente al género humano y rehabilitarnos de actuales demonios en futuros santos.
¿Qué ocurriría si algún día los tripulantes de los ovnis presentan sus embajadores ante la Casa Blanca?. Muchas, demasiadas cosas para que resulten asimilables sin traumas. Una relación oficial normalizada, bilateral y de interés mutuo con seres ultrahominizados, y el consiguiente trueque de ideas filosóficas, saber científico y tecnología, devendría como una secuela inevitable de previas actuaciones visibles por parte de los cosmonautas.
Nos referimos a intervenciones tan patentes que la población quedaría convencida de que humanidades alternativas florecen en diferentes planetas físicos, recintos
dimensiónales o planos vibratorios habitados. Y que en consecuencia ya no pudiéramos albergar duda alguna acerca de que razas exógenas se dedican a incursionar en la Tierra con propósitos que habrá que suponer justificados. Es evidente que tras orquestarse un contacto abierto seis mil millones de mortales adquirirían certeza absoluta de que otras inteligencias palpitan en el universo y han decidido entablar alguna suerte de amistad con esta aldea planetaria.
Cabrían múltiples estrategias en pro de informar al pueblo de que Ellos merodean en los cielos y están afectando al devenir humano, según que tomen la iniciativa los ocupantes o los "asaltados". Nada impide en apariencia que las superpotencias adopten en cualquier momento la tan esperada medida de anunciar urbi et orbi que los controvertidos extraterrestres no pertenecen a la mitología, y que han acudido a una cita no solicitada con la intención de cumplir determinados objetivos racionales. Los otros a su vez podrían sucumbir a la tentación de llevar a cabo lo que nunca se han atrevido a hacer: embarcarse en un despliegue de demostraciones espectaculares aunque inofensivas, fáciles de ejecutar dado su avance tecnológico, con el fin de hacer ostensible su comparecencia y no dejar un escéptico en la faz de la tierra.
Como por ejemplo enderezar la torre de Pisa, iluminar la zona oscura de la luna con la leyenda We are here ( estamos aquí ), trasladar al Kremlin la Estatua de la Libertad o raptar el avión de la Casa Blanca y depositar intactos al Air Force One y al Presidente sobre la gran explanada de San Pedro en el Vaticano.
¿POR QUÉ NO DESCIENDEN A LAS CLARAS?
Se ha filtrado muy poca información acerca del análisis prospectivo realizado por los gobiernos en torno a las repercusiones previsibles en el caso de una hipotética confrontación pública, no hostil ni invasora sino amistosa y civilizada, con expedicionarios de otras regiones del universo. Es de suponer que se guardan bajo siete llaves numerosos informes secretos al respecto, como el que la NASA encargó en 1960 al Brookings Institution de Washington, trust de cerebros que dictaminó en el sentido de que un contacto prematuro destruiría probablemente la civilización terrestre.
A conclusiones no menos sombrías llegó el titulado Lackland Report, un análisis elaborado por la Fuerza Aérea americana en el que se vaticina que si alguna vez entablamos liaison con una vida superior, se derrumbarán intereses creados de descomunal importancia económica y sociológica, las consecuencias serían de imprevisible trascendencia, y el mundo acabaría tal vez sumido en el caos.
Para hacer una composición de lugar sobre la problemática del contacto, partiremos del supuesto bien fundado de que no estamos solos y nos prestan minuciosa atención otros sistemas humanizados, tanto físicoquímicos como de naturaleza dimensional ( intangibles para los cinco sentidos humanos ), habitats donde hierven inteligencias tan adelantadas
que han descubierto medios de transporte capaces de salvar las inmensas distancias interorbitales. Constatamos diez lustros de metódica vigilancia desde el espacio, el avistamiento de centenares de miles de exóticos vehículos aéreos, e incontables aterrizajes y tripulantes de asombrosa heterogeneidad, cada uno con su tamaño, aspecto y características particulares. Esta inacabable diversidad denotaría su origen múltiple, o más bien el show didáctico de una simulación histriónica de variadas morfologías humanoides que no existen en la realidad.
Se conocen asimismo millares de declaraciones de testigos, fotografías y vídeos, captaciones de radar, aterrizajes, descarados paseos de E.T., exhibiciones de enanos cabezones, grises y monstruos antiestéticos, huellas y
residuos en el terreno, interferencias electromagnéticas, apagones y detención de automóviles, abducciones de seres humanos, gruesos volúmenes inspirados a los contactados y otras manifestaciones de la insólita culturización alienígena. Y sin embargo, a pesar de esta abrumadora catarata de actuaciones indirectas, los Marionetistas que tiran de los hilos no han permitido que acopiemos en cincuenta años ni una sola prueba concluyente. Jamás desembarcan en masa ni se dan a conocer cual si se tratase de turistas de algún remoto país.
¿Qué poderosas razones les obligan a eludir con tan extraordinarias cautelas el presentarse oficialmente?. Pregunta que obsesiona desde siempre a los que se interesan por los incomprensibles entresijos de la ciencia maldita de la ufología.
NATURALEZA DEL FENÓMENO
Nos proponemos esbozar el análisis de las repercusiones de toda índole que ocasionaría una solemne declaración pública a nivel mundial, verificando la existencia comprobada de los objetos volantes no identificados, en respuesta final a las comprensibles incertidumbres sobre la posible vida en otros mundos que acucian al hombre de la calle:
-
¿Quiénes son?.
- ¿De dónde provienen?.
- ¿Qué se proponen?.
Y en particular intentaremos desbrozar la cuarta pregunta, corolario de las otras tres:
- ¿Por qué no se exhiben sin restricciones ante la asombrada mirada terrestre?.
Aclarar estos interrogantes de sentido común implica complejos planteamientos de geopolítica y psicosociología sideral, un campo inexplorado y de honda trascendencia para el futuro de nuestra civilización. El dilema del no-contacto de ninguna manera es un irrelevante divertimento intelectual, sino "un serio motivo de reflexión y una fascinante aventura del pensamiento".
Antes de entrar en materia examinaremos unos pocos conceptos básicos aclaratorios:
Como todo el mundo sabe se denominan Objetos Volantes No Identificados ( OVNI ) a centros de energía intencional que por determinados motivos operan en la biosfera terrestre. El profesor de la universidad de Mississippi J.H. Bruening los define así: "Los UFOs ( unidentified flying objects ) son fenómenos de naturaleza paranormal controlados por entidades intencionales inteligentes, que consisten, entre otras cosas, en un complejo despliegue teatral destinado a ser contemplado por espectadores seleccionados de antemano por ostentar rasgos culturales específicos, con el propósito de ofrecer un estímulo sensorial manipulador y provocar determinadas reacciones en el observador." "Se trata -apunta Bruening- de alguna representación del tipo Véalo usted mismo y luego cuénteselo a otros, un montaje diseñado para influir en la conducta del colectivo de individuos al que va destinada". De la proposición anterior se infiere que el OVNI es en sí mismo un verdadero mecanismo de contacto.
Por su parte Dennis Stillings considera que los Visitantes no son subjetivos ni objetivos sino omnijetivos y provienen de un cosmos omnijetivo extramuros de la matriz universal del espacio, el tiempo y la materia. Actúan cual agentes ultraterrestres de demolición cultural, enfrascados en un vasto proyecto de remodelación sutil pero irreversible no sólo de las ideas éticas, religiosas y metafísicas del hombre, sino de la entera constelación del conocimiento y la cultura humanas.
Multitud de registros históricos dan testimonio de la presencia en la biosfera de aeroformas desconocidas desde hace milenios. En tan dilatado período razas que hay que suponer con medios ofensivos perfeccionados no han decidido invadirnos ni arrasar nuestro planeta subdesarrollado. En pura lógica estamos autorizados a deducir que el pacifismo es la tónica general de las civilizaciones intrusas, y que por consiguiente tampoco nos van a atacar en el futuro.
Ya que en términos generales, y salvo excepciones puntuales, se tratará de especies no agresivas que han superado la etapa evolutiva de la conquista por métodos violentos. Una conclusión harto tranquilizadora.
La abundancia y sobre todo la abrumadora diversidad de aeronaves y pilotos observados, casi todos distintos, autoriza a pensar que la interacción Espacio-Tierra está siendo orquestada por un sinnúmero de civilizaciones exteriores que acuden, por importantes razones, a esta olvidada esquina de la galaxia. O también que no se trata de ovnis y ocupantes reales de carne, hueso y metal, sino de falsos vehículos y figuras antropomórficas materializados ex profeso ante nuestro aparato sensorial, con el fin de que nos forjemos de Ellos una determinada imagen de su conveniencia ( por ejemplo que son tan "humanos" como nosotros ).
Lo que parece claro es que las actividades de los exonautas se someten a alguna autoridad centralizadora que impone una férrea disciplina y coordinación de conjunto en sus multitudinarias y variadísimas intervenciones farandulescas, como demuestra el hecho tan llamativo de que todos y cada uno de los millones de intrusos hayan cumplido rigurosamente en el último medio siglo, sin excepción alguna, tres significativas normas de comportamiento: No perturbar jamás bajo ninguna circunstancia el statu quo doméstico ; no aportar al gran público ni una sola prueba incontestable de su existencia ; y abstenerse de iniciar un contacto abierto.
Para el caso de que los inmigrantes de otros ecosistemas celestes basaran sus operaciones en criterios pragmáticos de optimización de resultados, el contacto deberían organizarlo para alcanzar con eficacia una serie de metas de su interés programadas de antemano. Tendrían prohibido interferir y ocasionar alteraciones de consideración en los asuntos internos, y al mismo tiempo soslayarían en lo posible los efectos secundarios perjudiciales de sus manipulaciones, salvo los mínimos inevitables a compensar tal vez con las ventajas emanadas del contacto mismo.
El pensador francés Aimé Michel interpreta el contacto como "un intercambio, lo más completo posible, entre diferentes comunidades, a todos los niveles y en cualquier terreno imaginable". Cuando la gente habla de que "no hay contacto", se refiere inconscientemente a este variante de comunicación en ambos sentidos, notoria y pública.
O como indica el mismo Michel: "Aunque el Sistema X sea múltiple en su procedencia y motivaciones, en todo caso obedece con rara unanimidad -hasta donde nuestras observaciones nos permiten calibrarlo- a una ley constante sobre un punto determinado, a saber: descartar el contacto generalizado." Pues lo que cabría esperar a estas alturas es que ya hubiesen mostrado a todo el mundo cómo funciona su modelo ideológico y cultural, qué clase de vida se permiten, y qué tesoros tan atractivos se despachan aquí como para que se hayan aventurado a cruzar muchos años-luz hasta arribar a una vulgar mota cósmica perdida en el borde de la Via Láctea.
Por el contrario y para nuestro perenne desconcierto están y no están, se complacen en una inexplicable ejecutoria esquizofrénica: se exhiben a propio intento y sin el menor pudor en nuestro espacio aéreo, y sin embargo eluden aportar sus credenciales al Presidente, Parlamento y Academia de Ciencias. "Un comportamiento sorprendente ..... si no fuese todo en Ellos confuso y contradictorio." Como ha comentado Michel, la estridente ausencia del contacto es uno de los elementos más significativos del magno festival del absurdo extraterrestre, y el problema número uno que nos plantea el fenómeno. Suponiendo que su mecánica cerebral se asemeje a la nuestra, y que su conducta obedezca a patrones lógicos, han de esgrimir motivos extremadamente poderosos para no dar la cara y actuar de forma tan incongruente.
NORMAS DEL CONTACTO SIDERAL
En cuanto a la metodología y cauces procedimentales del trato institucional entre remotas esferas de vida, partimos por desgracia de cero.
Sólo poseemos referencias de una de ellas -que por cierto no es ningún ejemplo-, el insignificante planetoide de sangre, sudor y lágrimas, huero de sobresalientes paradigmas, en el que hemos nacido. Desconocemos las leyes cosmosféricas de la exosociología, en qué mutua fase evolutiva se aconseja entablar el contacto, con qué categorías de humanidades, mediante qué técnicas de simbiosis social y en virtud de qué justificadas razones. Las generaciones venideras quizás encuentren explicaciones a tantos desalentadores interrogantes sobre la normativa del canje de embajadores entre estirpes planetarias y transdimensionales. Por nuestra parte, y a falta de antecedentes y de un derecho comparado de relaciones interplanetarias, hemos de contentarnos con ejercitar la imaginación controlada, y recomponer como Dios nos dé a entender y en base a imprecisos datos aislados el imposible rompecabezas de un contacto racional. Quizás constituya precepto general la ausencia de vínculos entre especies en un primitivo estadio de desarrollo. Más adelante, conforme alcancen un cierto grado de madurez, se estrenarían clandestinas comunicaciones unilaterales al estilo de las que sufrimos en la Tierra, y finalmente un trato normalizado en ambos sentidos. Es de suponer también que una eventual confederación intragaláctica haya diseñado por experimentación fáctica la ingeniería social pertinente capaz de inculcar paulatinamente en las razas jóvenes las sofisticadas metas de vida y pensamiento corrientes en culturas millones de años más avanzadas, sin hacerlas sufrir innecesariamente el trauma del contacto abierto ni ocasionarles perniciosos efectos colaterales.
Pudiera ser que un acercamiento mutuo se conceda en exclusiva a las especies evolucionadas, y que el aislamiento temporal ( al menos parcial y de la raza inferior con respecto a la más desarrollada ) sea la tónica con respecto a asentamientos en su primer estadio de despegue cultural.
¿Vivimos en un planeta joven y por ello la transferencia de información en dos direcciones no está aún formalizada?. ¿Somos una excepción, resultan atípicas y claramente anormales la agresividad, opresión e historia bélica que imposibilitan la convivencia civilizada en este salvaje rincón de la nebulosa?. ¿O estamos experimentando la secuencia rutinaria de freno/aceleración del contacto que ha tenido lugar anteriormente en billones de orbes habitados?.
Nos iluminaría saber en base a qué razonados criterios se ha planeado la amplísima separación de los cuerpos celestes en los abismos del espacio, por qué se sitúan tan remotos entre sí las galaxias, soles, planetas y satélites.
¿Se trata de una sensata cautela en previsión de indeseables invasiones por parte de colectivos inmaduros pero dominadores de cierta tecnología?.
¿Una prudente y transitoria reclusión con el fin de postergar prematuras relaciones entre culturas de escaso crecimiento, carentes aún del imprescindible civismo cósmico?.
Tal vez las vastas extensiones interplanetarias constituyan un hinterland protector de seguridad, el destierro obligado con objeto de que humanidades irresponsables no logren perturbar a sus vecinos siderales. La tecnología de los viajes
espaciales sólo se otorgaría en tal caso cuando se constate un desarrollo moral paralelo. El no-contacto sería de este modo provisional, una aconsejable cuarentena precautoria. Por ahora se encontrarían interrumpidas las normales comunicaciones interespaciales debido a incorregibles violaciones históricas, por parte del sistema terrestre, del ordenamiento ético-jurídico vigente en la cosmocracia.
Expresado en léxico teológico, el citado bloqueo ocasional de relaciones abiertas bilaterales sería producto del pecado original del hombre, de la caída de Adán y Eva o de la rebelión de Lucifer ; un aislamiento causado por disfunciones iniciales en la ética universalista autóctona. De igual modo la teoría del confinamiento punitivo de este planeta es vigorosamente defendida por los autores anónimos del tratado cosmogónico The Urantia Book ( Chicago, 1955, 2097 páginas ).
DERIVACIONES DE UN EXTEMPORÁNEO CONTACTO ABIERTO
Analizaremos en la presente adivinanza un campo casi inexplorado de la prospectiva geopolítica: lo que se precipitaría sobre la ciudad planetaria alegre y confiada si los hombres del espacio se enzarzaran de repente, y sin un previo lavado de cerebros de la población, en un despliegue de aparatosas demostraciones de su presencia ( lo que por todos los indicios nunca va a ocurrir ). O su versión doméstica más tranqulizadora: cuando el inquilino de la Casa Blanca se asome a la pequeña pantalla con una sonrisa optimista y ofrezca a los 6.000 millones de coetáneos el discurso más famoso de su mandato:
"Como Presidente de los Estados Unidos de América y mandatario de la primera potencia del siglo XXI, asumo la responsabilidad de revelar finalmente al mundo la verdad sobre los objetos volantes no identificados, tras una larga etapa de necesarias investigaciones y obligada prudencia ante lo desconocido. Ciudadanos: hemos comprobado que hay vida inteligente en otros planetas y dimensiones. Los extraterrestres nos visitan desde hace milenios, en calladas y benefactoras misiones de asistencia, exploración y estudio. No debemos temer nada de nuestros vecinos del espacio sino todo lo contrario, congratularnos de su inestimable presencia, ya que tenemos mucho que aprender de su comportamiento ejemplar y fraternales actitudes. Los expertos han verificado con la máxima seguridad que se acercan en son de paz, y de ninguna manera se proponen invadir ni dominar la Tierra."
"Los hombres y mujeres del espacio que nos tienden la mano son seres humanos con virtudes y defectos como nosotros, sólo que más avanzados en ciencia, tecnología y convivencia social. Y una buena noticia: sin dejarse ver a las claras ni interferir directamente en los asuntos domésticos, nos siguen prestando una gran ayuda para resolver los graves problemas que aquejan a la humanidad: superpoblación, agotamiento de los recursos energéticos, deterioro ecológico, clima bélico a todos los niveles, amenaza de invierno nuclear, déficit ético generalizado, pobreza, injusticia .... Hemos de felicitarnos por tanto de contar con amigos del cosmos tan altruístas y civilizados, con los que las grandes potencias han acordado al fin establecer relaciones diplomáticas, visitas mutuas e intercambios culturales, tecnológicos, económicos y comerciales. Inauguraremos así una nueva era interplanetaria de progreso, paz y hermandad, el más afortunado acontecimiento de la historia humana".
Si anuncio tan inocuo respecto a trabar amistad con entidades benignas de elevado status espiritual se hiciera público en el porvenir, este orbe fascinante y maldito elegido por Jesús de Nazaret nunca volvería a ser el mismo. ¿Cómo nos comportaríamos al toparnos cara a cara con seres evangélicos oriundos de planos en la estratosfera del cosmos?. ¿Qué sacudidas estremecerían al cuerpo social?. Y sobre todo ¿cuál sería la reacción de las masas?.
Turbadoras cuestiones que constituyen un ingente problema de trascendencia planetaria, y que nunca han sido debidamente aclaradas y ni siquiera presentadas ante la opinión. ( Es significativo que los estudios conocidos en los medios ufológicos sobre los efectos del Gran Contacto son casi inexistentes ). Mucha gente cree vagamente que estamos acompañados en el enorme universo, e incluso que vehículos foráneos surcan ocasionalmente la atmósfera. Pero ni siquiera los investigadores profesionales de la exobiología se han atrevido a tomar conciencia, al menos públicamente, de los desenlaces previsibles tras la interacción manifiesta con alguna raza externa, no atacante ni enemiga sino amistosa y de intenciones positivas.
Veamos el punto de vista del doctor Bruce S. Maccabee: "¿Qué puede suceder si los humanoides pasan del mito a la realidad?. ¿Estremecerá al mundo tan tremenda revelación?. ¿Se derrumbará la Bolsa, los fieles atiborrarán las iglesias, se desmoronarán los sistemas políticos?. ¿Degenerarán los regímenes democráticos en totalitarios?. ¿Unirá esta singular emergencia a la población del globo?. ¿Se desencadenará la anarquía?. ¿O no ocurrirá nada de esto, y el cuerpo social continuará como siempre salvo con un cambio drástico en la concepción de nuestro lugar en el cosmos?. ¿Es demasiado dramático este conocimiento secreto como para que pueda ser absorbido por la humanidad?. ¿Nos está protegiendo el Gobierno -el Gran Hermano orwelliano- de los "invasores", o más bien de nosotros mismos?." "Las respuestas a estos enigmas son de inmensa importancia, y de ellas depende el destino del género humano, ya que afectan a los fundamentos esenciales de la civilización. Deben ser pues administradas con la máxima cautela y delicadeza. Por otra parte nadie debería caer víctima del pánico, porque todavía no sabemos si nos enfrentamos a una amenaza, a algún plan de ayuda desinteresada o incluso a un hermoso proyecto de amor evangélico.
"Si alguna vez tiene lugar una solemne declaración pública acerca de la realidad de la vida consciente en otros reductos del espacio, es de prever una secuencia imparable de acontecimientos, que nos proponemos esquematizar en este trabajo prospectivo sobre las consecuencias económicas, geopolíticas y psicosociales de una prematura ocupación, pacífica y cooperadora, por las huestes marcianas. ( Reiteramos una vez más que el presente análisis no considera la llegada de hordas alienígenas destructivas, sino inmigrantes que se aproximan en son de paz y ayuda ).
Las repercusiones del contacto que exponemos a continuación no son resultado de una imaginación desbocada, sino frias predicciones de disciplinas académicas como el conductismo de masas, la psicosis colectiva o la psicología del rumor. Todo ello asociado a la consiguiente moraleja sobre los fundados motivos por los cuales el contacto oficial debe ser evitado en la presente coyuntura histórica, a pesar de la bondad de nuestros visitantes.
EFECTOS BIOLÓGICOS: RIESGOS SANITARIOS Y GENÉTICOS
La arribada de exóticas especies filogenéticas, con dotaciones biológicas muy diferenciadas, probablemente en gran número y aclimatadas a astros con diversos parámetros bioquímicos, vendrá escoltada por su propia cohorte de microorganismos autóctonos. Virus y microbios aquí desconocidos que tal vez no generen en tierra los oportunos anticuerpos inmunológicos a corto plazo. Epidemias incontrolables podrían desatar una mortandad de extremo a extremo del orbe comparable a la Peste Negra de mediados del siglo XIV, calamidad que dejó Europa reducida a un erial.
Por otro lado cuando los hijos del cielo vislumbren cuerpo a cuerpo a las evas terrenales, y habida cuenta de que el pistón, el émbolo y la explosión tampoco tendrán enmienda en otras latitudes del espacio, vaticinamos un inevitable mestizaje celeste entre los huéspedes enfebrecidos y horrendos monstruos como Bo Derek. Apostamos a que los encuentros muy cercanos en la fase erótica han de producir apasionados romances entre sexonautas y los sexángeles de la especie doméstica. Si el cruce Espacio/Tierra no deviene estéril, surgirá una inédita raza de androides cuya configuración genética es un misterio, y que pudiera ocasionar un deterioro eugenésico.
Ignoramos todavía si los híbridos alieno/terrestres van a ser mutantes mozartianos o más bien personajes afectados de graves anomalías teratológicas: yetis, hombres-lobo, engendros con rasgos zoológicos, subnormales, criminales natos, etcétera.
IMPERIALISMO CULTURAL DEL CONTACTO
La historia ha demostrado una y otra vez que siempre que una cultura superior coloniza a otra subordinada, ésta pierde sus señas de identidad y acaba como una pésima imitación degenerada de la raza dominante, por incapacidad de adaptarse a los parámetros culturales y régimen de vida importados. Como notorios ejemplos, los casos de indios precolombinos/colonizadores españoles, pieles rojas/ inmigrantes del Myflower, y pueblos primitivos/hombre blanco.
Si los "bárbaros del espacio" cayeran en la tentación de desembarcar a la vista de todos, tarde o temprano impondrían sus benditas pautas civilizadoras aun por medios no coercitivos, y así dejaríamos de ser fieramente humanos hasta terminar domesticados a su estilo y semejanza. Muchos no seremos felices desde luego en el flamante y ordenado paraíso, y añoraríamos sin remedio las ventajas animalísticas del viejo orbe caótico, atrasado y conflictivo, zarandeado gracias a Dios por pasiones y concupiscencias de toda laya, donde uno es libre de pecar sensualmente en el ahora y pagar las consecuencias en incomodísimos plazos del mañana.
Contacto = Contagio. El roce con maestros ultraevolucionados forzará también un crecimiento humanístico artificial y demasiado rápido, causando desequilibrios, disfunciones y anomalías de asimilación en el metabolismo anímico de la estirpe colonizada. Excesivo conocimiento en poco tiempo predispone a la dispepsia intelectual y emocional, propia de un empacho de cultura.
La inapreciable ventaja del no-contacto es que nadie viene a hacernos las propias tareas, y semejante estado de necesidad espolea la creatividad del hombre, imprescindible para construir un futuro mejor. El cartel de planetas parece haber logrado hasta ahora un ingenioso equilibrio entre la masiva exhibición de sus ingenios aéreos o fugaces apariciones ocasionales. Si las aeroformas se convirtieran en efemérides habituales su presencia resultaría incuestionable, y ya no plantearían fructíferos interrogantes a los absortos espectadores del orbe azul, lo que embotaría nuestro interés en perseguir la verdad, que como se sabe es el motor de la ciencia y el progreso. Llegaríamos por este mal camino a la pereza pura y dura de desentendernos de los problemas inmediatos que afectan al mundo moderno, con la ilegítima pretensión de que nos los resuelvan las inteligentes zoologías estelares.
Supongamos que los argonautas llueven del plano etérico y nos regalan toda una biblioteca de memorandums sobre las panaceas de nuestros dolorosos apuros. Sin duda nos acostumbraríamos ipsofacto a cualesquier ayuda gratuita del exterior, hasta considerarla rápidamente como merecida y normal. Desaparecería entonces el esfuerzo investigador, sustituido por la molicie hermanada con atrofia mental, y tanto la ciencia como el espíritu emprendedor quedarían estancados. Esta adinamia y fobia a los desafíos supondrá una peligrosa degeneración racial. Si no resolvemos las dificultades por nosotros mismos, nunca aprenderemos de primera mano las insustituibles lecciones de la experiencia, y terminaremos involucionados por la entropía cultural, promocionada indirectamente por el contacto abierto.
Por otra parte el trasvase de tecnología avanzada desde otros ámbitos vibratorios es una operación cuajada de dificultades. Aplicar los royalties de importación exigiría aprender antes la ciencia alienígena y readaptar de arriba abajo la infraestructura industrial y los procedimientos de ingeniería. "¿De dónde obtendríamos las ingentes aportaciones de capital necesarias para esta gran reconversión?".
La polución extraterrestre se manifestaría asimismo en una admiración incondicional de los aborígenes hacia esos trotamundos de la exosfera. De ahí a una ciega adoración y al fanatismo sólo hay un paso. Una suerte de oligofrenia snob nos impulsaría a imitarlos sin discriminación, en boba renuncia a nuestras genuinas constantes históricas y ambientales. Y la tendencia a idealizarlos se convertiría en adicción, hasta el punto de rendir culto a "nuestros dioses salvadores del Olimpo espacial". Habríamos fundado la subhumana religión del tercer milenio.
Felicitémosnos de que un principio universal de no-intervención en otras comunidades autosuficientes vedaría un contacto tan pernicioso para la parte más débil, en este caso los que para Rousseau éramos adorables salvajes terrícolas.
SHOCK TRAUMÁTICO Y EXPLICACIONES INAPLAZABLES
Imaginemos la tremenda sorpresa del ciudadano medio, al que la fauna política ha venido inculcando la halagadora falacia de que somos los reyes solitarios y la guinda en una insondable Creación huera de energía vital. Y que de repente le hurtan esta consoladora memez demagógica y se entera de que le han nacido otros hermanos de padres desconocidos, con estrambótica figura antropomórfica e intenciones por ver. Tras quedarse estupefactos con la ( ¿buena? ) nueva, los lugareños que pagan dócilmente sus impuestos, presa de la inquietud y de una morbosa curiosidad, acosarán a los medios oficiales con una frenética e incontenible andanada de interrogantes de sentido común, a los que habrá que contestar a marchas forzadas, sin mentir ni echar balones fuera:
¿Cuáles son las características fisiológicas, mentales y emocionales de los nuevos huéspedes?; condiciones de vida somática en sus hábitat de origen ; lenguajes ; existencia cotidiana ; trabajo ( ¿cómo se remunera el sudor de esas frentes? ) ; organización económica ( ¿circula el dinero? ) y justicia social ( igualdad/desigualdad, opresión y libertad, ¿hay clases? ); familia ; emparejamiento, cómo practican el sexo y hábitos amatorios ; pautas culturales ; técnica política y modos de gobierno ( democracia versus dictadura ) ; postulados éticos, moral colectiva e índice de egoísmo/altruismo ; concepciones cosmogónicas y cosmológicas ; teorías científicas y principios filosóficos ; teología, idea de Dios, tratos con la divinidad y religiones formales ; Adelanto tecnológico ;
Poderío militar y arsenales de destrucción; cuántas especies planetarias nos observan y en qué se distinguen de nosotros y entre sí ; liderazgos, cooperación/competitividad y coordinación o caos entre las diversas culturas visitantes ; plan de conjunto respecto a sus actuaciones en la Tierra ; control colonizador ejercido ; de qué planetas físicos, niveles dimensionales y planos vibratorios proceden ; cuáles son sus propósitos ( ¿pedazos de pan o vienen en son egoísta o a hacer daño? ) ;
Por qué demonios acude tan nutrida marabunta E.T. a este geoide conflictivo y del montón ; qué maravilloso paño se despacha aquí para atraer a tanto pez gordo del cosmos ; desde cuándo pululan en la atmósfera y qué tiempo se van a quedar ; qué operaciones ( de cualquier tipo) ejecutan en la biosfera ; actitudes e intenciones concernientes a la población terrestre ; planes para el futuro ; por qué no se posan -como todo el mundo espera- en el césped de la Casa Blanca ; ¿los ha redimido Jesucristo? ; ¿van a erradicar el cáncer? ; ¿piensan explotarnos? ; ¿respetarán a nuestras mujeres? ......
Y un largo etcétera de ansiosas preguntas que pondrán de manifiesto la insaciable avidez de información respecto a un candente problema que afecta de lleno a los colonizados, asunto tan proclive además al sensacionalismo. Una expectación al rojo vivo y harto justificada que habrá que satisfacer a toda costa y lo que es peor, en detalles concretos. El público sobreexcitado, ahito de medio siglo de engaños, ya no se conformará con la antigua profesión de ignorancia ni las candorosas explicaciones de las autoridades para calmar los ánimos. Y coaccionará de forma incontenible mediante una apasionada exigencia de datos reales.
Y desde luego mucho ojo con entreabrir los arcanos del contacto ante la opinión mundial. Esta declaración única en la historia de que los marcianos han aparecido, si llegara a proclamarse, será una medida irreversible y maximalista sin posible marcha atrás, la clásica opción del tipo o todo o nada. Llegado el momento de reconocer lo más mínimo sobre la presencia de extraños en la noche espacial, ya no cabrá frenar el proceso y habría que confesarlo todo, con los resultados fácilmente imaginables.
Racionar la verdad goza por fortuna de límites. Por mucha terapia del cuentagotas y la cal y arena que apliquen los servicios de inteligencia para dosificar las confidencias sobre la quinta columna de Venus, la presión social del "¡¡ Queremos saberlo todo !!" se volverá irresistible. Al principio se intentaría amansar a las fieras arrojándoles noticias amañadas hueras de contenidos alarmistas.
APARENTE PERVERSIDAD ALIENOIDE
Empero, ante la ebullición popular en aumento, es inevitable que por una u otra vía se vayan filtrando retazos de los informes gubernamentales ultrasecretos, basados en hechos constatados referentes a la colonización espacial.
Dichos memorandums queman por sí mismos y constituyen un arma de doble filo. Por un lado exponen los aspectos tranquilizadores del contacto, que son mayoría abrumadora y se pueden divulgar sin problemas. Pero dan cuenta al mismo tiempo del surrealista e incluso repugnante aspecto físico de algunos homúnculos platillescos, capaces de provocar el susto en la turbamulta. Y de algo mucho peor: de presuntas actuaciones minoritarias, puntuales y esporádicas ( que no hacen ley pero que incuestionablemente están ahí ), harto llamativas y, a primera vista, de naturaleza cuasi-delictiva. Se trata de una extraña y variada serie de misteriosos "eventos negros", mal conocidos y de los que no poseemos todavía una explicación convincente. Las citadas anomalías tal vez sean producto del funcionamiento normal de las leyes naturales, incluido el principio equilibrador del karma, denominado proceso de causa y efecto. Las regularidades de la naturaleza, aunque a veces cueste creerlo debido a nuestra ignorancia actual de ciertos mecanismos universales que a primera vista nos parecen negativos, según referencias gestionan siempre el bien común en conjunto, en profundidad y a largo plazo. También podríamos responsabilizar de estas acciones prima facie hostiles a las racionales y justificadas decisiones del equipo de altos regidores invisibles del planeta, como un subproducto -que algún día resultará aclarado- de sus legítimos actos gerenciales para el mejor fin de la raza humana. Cabría asimismo atribuir estas aparentes atrocidades aisladas, que por fortuna no son la tónica general, a algún grupúsculo marginal y no representativo de ufonautas malintencionados, quienes por enigmáticas razones actuarían fuera del control de una hipotética "policía interdimensional". Se trataría en último extremo de entidades cuyo poder real para ejercer la negatividad pudiera estar muy restringido. Y es más, estaría dentro de lo posible el funcionamiento de un pacto previo libremente acordado entre las aparentes "víctimas" y sus intangibles "agresores", en orden a vivenciar por ambas partes determinadas experiencias educativas, planeadas con el propósito de impulsar el mutuo aprendizaje evolutivo.
Sean cuales fueren las causas de la amplia constelación de hechos condenados, el caso es que si llegasen a trascender a la ciudadanía en los prolegómenos de un contacto masivo, van a agravar aún más la alarma social, y son capaces de poner al rojo los miedos ancestrales de la humanidad. Seguidamente exponemos un muestrario de lo que algunos hipocondríacos cósmicos interpretarían como hostilidad alienígena o maldades gratuitas de los dioses tutelares de la humanidad:
CATÁLOGO DEL BESTIARIO ALIENÍGENA Y PRESUNTAS AGRESIONES AL GANADO HUMANO
- Traumáticas abducciones paranormales de millones de sujetos víctimas de sórdidas manipulaciones clínicas y ginecológicas, hibridación genital e implantes corporales como dispositivos de control remoto.
- Rapto de terrícolas, tal vez reacondicionados en remotos centros de vida.
- Posesiones anímicas y obsesiones psíquicas ( ¿la esquizofrenia es quizás una de ellas? ), causadas -se dice- por mortales de inmadura evolución que tras su fallecimiento infectan por decenas de miles de millones ( a juicio de Ramatis ) la atmósfera astral que circunda e interpenetra dimensionalmente la Tierra. Criaturas desencarnadas que según múltiples referencias se dedicarían a instilar en la mente y emociones de personas con inclinaciones antiéticas el odio y el resentimiento, impulsos de actos criminales, adicción al alcohol, el sexo y las drogas, e incitación a una amplia gama de delitos y conductas inciviles. ( Léase a este respecto el sobrecogedor estudio de Kyle Griffith titulado War in Heaven, 1988, 192 páginas, editorial S/R Press, P.O. Box 60327, Palo Alto, California 94306-0327, U.S.A., teléfono (943)-06-03-27 ).
- Mutilaciones de ganado ( según Don Worley sólo en los EE.UU. se han causado más de 50.000 muertes de animales en los últimos cuarenta años ), asociadas en bastantes ocasiones con ovnis, chupacabras y oscuros helicópteros fantasmas que no pertenecen a la Fuerza Aérea.
- Reiterada presencia de aeroformas en instalaciones militares de elevado carácter estratégico, arsenales y polvorines, factorías atómicas, silos de misiles balísticos y demás áreas de alto secreto logístico.
- Misteriosa desactivación -diríamos que intencional- de explosivos nucleares, destrucción de misiles ofensivos en pleno vuelo y sabotaje de pruebas astronáuticas.
- Apagones eléctricos inexplicables, raros incendios provocados y accidentes repetitivos con visos de ser deliberados. ( Sospechosos siniestros que fueron analizados en los años sesenta por el cónsul italiano Dr. Alberto Perego ).
- Combustiones humanas espontáneas.
- Fuegos tal vez no aleatorios que una y otra vez fulminan a niños cuando se encuentran solos en el hogar, a inquilinos de asilos para ancianos y a pacientes de hospitales psiquiátricos.
- Numerosos vehículos atestados de peregrinos que sufren percances cuando acuden a o regresan de conmemoraciones religiosas.
- Frecuente exhibición de humanoides deformes, bigfoots y yetis malolientes.
- Monstruos de horrible aspecto y hedor sulfuroso asociados a casos OVNI y a episodios diabólicos.
- Animales fantasmas con características paranormales ( se vuelven invisibles cuando les conviene, eluden cualquier acoso o cacería y son inmunes a los disparos a bocajarro ), que se materializan sin venir a cuento en zonas urbanas
( pumas, panteras, canguros, aves gigantes cuasi-humanas, etcétera ).
- Descomunales serpientes oceánicas y monstruos lacustres.
- Entidades que según variadas referencias habitarían en el interior del cuerpo rocoso planetario aunque en otra dimensión vibratoria ( bajo la Antártida, el desierto de Gobi o el Mount Shasta de California, etc. ). ( Los intraterrestres ).
- Presuntas civilizaciones suboceánicas de seres anfibios, humanos e inteligentes, que comparten el globo terráqueo con los habitantes de la superficie.
- Los diminutos elementales que viven entre nosotros pero en otra frecuencia vibratoria: hadas, ninfas, gnomos, elfos, sílfides, duendes, salamandras......
- Inteligencias no antropomórficas y seres de cuerpo energético, oriundos de niveles dimensionales alternativos, que suelen interaccionar con los humanos.
- Los curiosos Hombres Vestidos de Negro ( Men In Black o MIB ). Sujetos a todas luces interdimensionales que se complacen en amenazar cortésmente a los testigos visuales de aeronaves desconocidas ( absurdos apercibimientos que por suerte nunca se cumplen ).
- Daños corporales, enfermedades e incluso homicidios ocasionados por supuestos OVNIs "hostiles". ( Pudiera tratarse de meros efectos colaterales de la radiación emanada por sus sistemas de propulsión ).
- Consistentes rumores acerca de UFOs accidentados ( a propio intento ), cadáveres de pasajeros y hasta argonautas vivientes, resguardados en instalaciones paramilitares de máxima seguridad.
- Hipotético pacto bilateral de mutuas concesiones, suscrito décadas atrás entre la elite del poder U.S.A. y ciertas facciones de alienígenas que no son trigo limpio. E.T. negativos que le estarían tomando el pelo al gobierno norteamericano, al cederle ( sabe Dios a cambio de qué ) la patente de armamento futurista y "revolucionarios" ingenios aéreos ; chismes que cuestan una fortuna y que lustro tras lustro nunca llegan a funcionar.
Como acabamos de ver, un panorama de entidades y fenómenos de lo más extraño y amenazador a primera vista, que si saltara a los media es de temer que recaliente a la impresionable opinión pública hasta límites inmanejables.
PÁNICO E HISTERIA COLECTIVA
Cualquiera que recapacite sobre los eficientes artefactos que surcan nuestro cielo difícilmente azul caerá en la cuenta del peligro potencial que representan. Con sus altos niveles de inteligencia y adelantos científicos contarán a buen seguro con armas capaces de pulverizar a nuestros ejércitos con una terrible capacidad de agresión.
Si ellos planearan una ofensiva, no disponemos de la menor posibilidad de defensa ; estamos en sus manos. Incluso recurriendo a los novísimos artefactos de la llamada Guerra de las Galaxias ( S.D.I. ) seguimos inermes ante el potencial bélico de otras armadas del espacio, una situación por demás inquietante.
De otra parte es un lugar común que escuadrillas de astronaves rondan por la atmósfera pero no se dejan ver a las claras. ¿Qué mejor detonante del miedo que lo desconocido, máxime si no pertenece a lo humano?. Pavores que encontrarán terreno abonado respecto a una opinión previamente condicionada por varias décadas de truculencias exaltadoras de la supuesta perversidad extraterrestre. Una lamentable propaganda anti-cosmos que se ha venido plasmando en tebeos infantiles, novelones de ciencia-ficción, filmes de grotescos humanoides que nos fulminan con rayos de la muerte y culebrones de terror alienígena que pintan el peligro espacial como una horda de engendros repulsivos que maquinan conquistar la Tierra, abusar de la población femenina y esclavizar a la raza humana.
La nefasta imagen que se ha promovido de los extrasolares es un excelente caldo de cultivo para que se dispare la propagación de los más demenciales rumores acerca del maligno populacho marciano que acecha dispuesto a cometer mil fechorías. Ni que decir tiene que el horror y repugnancia del hormiguero humano ante una ola de infundios sobre la malevolencia y fealdad de los asaltantes exteriores ( a los que siendo invisibles cabe acusar impunemente de los crímenes más atroces ), puede muy bien desatar un ciego temor biológico, el odio interplanetario y una violenta ufofobia. Llegados a este extremo, ya no seremos ciudadanos racionales sino una turbamulta incontrolable de paralienoides, víctimas del ciego racismo contra los extraterrestres.
Pero todavía contamos con agravantes adicionales. Las sospechas de que los pobladores celestes controlan secretamente este planeta desde los albores de la historia no son precisamente apaciguadoras.
Al igual que su metódica supervisión ( como haría cualquier Estado Mayor antes de atacar al enemigo) de áreas neurálgicas como bases militares, instalaciones atómicas, centrales eléctricas, nudos de comunicaciones, torres de microondas, embalses de agua potable, depósitos de gas y petróleo y otros centros estratégicos vitales para la defensa y el control social de las naciones. Y en la misma dirección preocupante abundarían los vislumbres de que los foráneos, o algunos de ellos, parecieran misteriosamente conectados con la relación de sabotajes y actuaciones perturbadoras que ya hemos enumerado.
Con este puñado de indicios en la mano cabría postular la presunta hostilidad, limitada y selectiva, no de todos, sino sólo de algunos cosmonautas en particular. Si la opinión tomara repentina conciencia de tan llamativos incidentes, alarmistas aunque sean más bien raros y esporádicos, la sorpresa inicial se trocaría a no tardar en conmoción pública, y "los ánimos podrían sobreexcitarse hasta límites impensables si para colmo los venusinos presentan un aspecto inusual y antiestético vistos de cerca. Disturbios y multitudes en alocada huída sacudirían la superficie terrestre".
Las vías de comunicación quedarían bloqueadas y las fuerzas de seguridad se verían impotentes para contener la ola de vandalismo y saqueos. Habría que instaurar la ley marcial con tal de mantener el orden público y atenuar la espantada de las muchedumbres. A su vez proliferarían los suicidios y derrumbes emocionales, y los hospitales psiquiátricos terminarían abarrotados.
En este contexto más vale recordar el pavor nacional que provocó la famosa emisión radiofónica de Orson Welles, una adaptación extremadamente realista de La guerra de los mundos de H.G. Wells. En aquella fatídica noche del 30 de octubre de 1938 un millón de estadounidenses se tragaron la píldora de que los homúnculos del vecino planeta rojo comenzaban a invadir la Tierra y estaban aniquilando el sacrosanto estilo americano de vida. El país se estremeció del Atlántico al Pacífico en el mayor estallido de espanto colectivo que se recuerda. El caos tomó posesión de millares de hogares, que se aprestaron a defenderse por cualquier medio de la ofensiva marciana.
¿Estamos hoy más maduros que hace cinco décadas ante la perspectiva del vis a vis con una inteligencia extraterráquea?. Tal vez no, porque en ese largo período los gobiernos han optado por desinformarnos al respecto y continuamos tan ignorantes y vulnerables como en aquellos tiempos del cuplé. El precedente del genial realizador de Ciudadano Kane es una señal de alarma a tener en cuenta, en el sentido de que una súbita puesta en escena del contacto visible es capaz de azuzar reacciones viscerales en cadena que operen como una bomba psicológica, de la que el género humano nunca pueda ya recuperarse.
Desde aquella inolvidable velada neoyorquina del año 38 las altas esferas de Washington se muestran hipersensibilizadas ante la eventualidad de informar -y acongojar- a la opinión pública sobre la problemática extramundana. Y de cara al futuro han ordenado administrar con la máxima prudencia cualesquier noticia al respecto, mediante consignas de quitarle hierro al dilema ovni y negarlo todo aunque se caiga en el ridículo. De hecho los datos suministrados por el estamento oficial han desdramatizado siempre el eventual peligro alienígena, aun a costa de ocultar y tergiversar la verdad con el cinismo habitual de los políticos.
El albur de que se desencadene una horrenda sacudida de temor a lo irreconocible está a la vuelta de la esquina, puesto que de una grey desinformada no cabe esperar más que nerviosismo y reacciones histeroides. El coste social de que en su momento oportuno ( en 1947, cuando se desató la primera oleada de platillos volantes ) no se haya preparado psicológicamente a la población, se materializará, ante la menor intentona de contacto sin tapujos, en un desplome de abyecto espanto animal que hará trepidar el globo. Una pandemia de terror azuzada por la circulación de rumores a cual más tremebundos sobre los invasores de otros planetas.
Todo es posible en la patología de la histeria colectiva. Y la crónica del pasado nos enseña que las guerras y dictaduras florecen en situaciones de desasosiego público. Votantes despavoridos resultan a su vez incontrolables, que es lo último que desearía un gobernante en sus cabales. Pensemos en los trabajadores, amas de casa, colegiales, funcionarios públicos, inversores, financieros, directores de empresa, obispos, jerarquías militares, ministros y jefes de gobiernos, todos ellos sobrecogidos, esperando lo peor y actuando como elementos coadyuvantes en una contagiosa estampida social. ¿Nos precipitaremos algún día en esta dantesca anarquía?. No hay duda alguna: si se propiciara a destiempo un contacto transparente, que no nos sorprenda encontrarnos con una espeluznante desestabilización a escala planetaria, en la que todos acabaremos derrotados.
CONTACTO Y ENTROPÍA ECONÓMICA
Tras la presentación oficial y el protocolo de rigor, y una vez normalizadas las relaciones con los transuránidas, cabe esperar que en el consiguiente toma y daca nos beneficiemos de una transferencia de ciencia y tecnología de signo revolucionario, que arrinconará como inservibles a nuestros arcaicos procedimientos industriales al uso.
Sectores enteros desaparecerán barridos por remozados inventos de alta productividad, y en poco tiempo florecientes negocios quedarán arrumbados cual trastos de museo. Sin ir más lejos sabemos que los jupiterinos se desplazan en carros de fuego veloces y silenciosos, que aprovecharán disponibilidades ilimitadas de alguna suerte de energía libre. Los turistas de Sueñolandia demostrarían su buena voluntad cediéndonos la patente de un sistema de propulsión basado en algún combustible barato, inagotable y no contaminante.
¿Consecuencias?. El petróleo perdería su valor estratégico, precipitando en su caída la ruina de las factorías de automóviles, desmantelables por obsoletas. Al derrumbe de este segmento neurálgico de las economías desarrolladas seguiría el de la producción aeronáutica, "que se vería abocada al colapso en cuanto salieran de la cadena de montaje los flamantes modelos de platillos volantes, ante los cuales nuestros más sofisticados ingenios espaciales parecerían cometas motorizados".
Por su parte los heraldos de la cuarta dimensión suponemos que decidieron milenios ha conservar el apolillado deporte de matar en el baúl de los malos recuerdos. Sus cintos no lucen Colts-45, y por contagio mimético más la dinámica de la nueva situación, nuestras pistolas se nos caerían de las manos. La carrera de armamentos subsistiría en los anticuarios, por lo que dejarían de facturarse centenares de miles de millones de dólares, con sus secuelas depresivas del efecto bola de nieve en la economía. Aparte de que convertiría en desocupados ( mala cosa ) a los superpoderosos que hoy exprimen suculentas ganancias en dinero y poder de tantas guerras y guerrillas tribales, étnicas, civiles y nacionales. ( Por cierto, ¿qué vamos a hacer con nuestras 100.000 bombas nucleares almacenadas?. ¿Las consumimos tirándoselas al enemigo, y así prevenimos el intolerable rosario de desgracias del paso a una economía de paz?. ).
En el mismo limbo del olvido se desvanecería un sinfín de otras ramas del entramado industrial, que no tendrían razón de ser en el sistema productivo reciclado de arriba abajo por los axiomas económicos, de superior rango ético, imperantes en la cosmosfera.
En otro orden de cosas los asesores de las tecnocracias del espacio recomendarían como meta prioritaria poner fin a la suicida rapiña ecológica, en pro de evitar el agotamiento de los recursos ( agua, petróleo, bosques, minerales, fauna, etc. ). El comercio actual de materias primas, sustento económico de muchos países en desarrollo, sufriría drásticas restricciones por motivos conservacionistas, trocando a los ya pobres en miserables en este vasto sector del globo. Y volviendo a los corolarios insoslayables del contacto, al higienizarse los hábitos nutritivos de millones de personas, pasarían a primer término los alimentos naturales ( vegetales de cultivo orgánico, frutos secos, huevos, leche y queso ) y perderán una sustanciosa parte de su clientela la ganadería, los mataderos ( ¿animales en lata? ; no, gracias ; los preferimos libres en la naturaleza ), la pesca y manufacturas de dañinos comestibles procesados.
Igual suerte correrían las fábricas de medicamentos, ya que la dieta natural, el hábito del ejercicio físico y una vida sana, junto al remedio contra el cáncer y una prioritaria medicina preventiva, catapultarían al ostracismo laboral al grueso de la nómina de doctores, enfermeros, farmacéuticos y laboratorios, influyentes corporaciones que prosperan con la enfermedad y pierden con la salud de la población. A este respecto es oportuno el comentario de Jesús Álvarez: "La salud es el primer negocio de la humanidad, por encima de las drogas, las armas o los ordenadores". A su vez los enjuagues multimillonarios de la mafia, la prostitución, el juego, la extorsión y las drogas se vendrían abajo por sí solos, desguazados por el efecto de refinadas normas de vida y pensamiento más en consonancia con la nueva era.
Y todo lo anterior no es más que una muestra, ejemplos entre otros muchos imaginables, de múltiples profesiones y actividades empresariales que se volatilizarían debido a una caída en picado de la demanda de productos del antiguo régimen, ahora superfluos.
Por cierto que a un inmenso precio social y económico en pobreza y desempleo, al menos a corto plazo y hasta que se gestionen los oportunos ajustes, si consideramos que la prosperidad y el pleno empleo se sustentan en un consumo incesante y masivo de bienes y servicios, la mayoría de los cuales se volverán innecesarios en cuanto cortemos en seco el insensato despilfarro actual y aprendamos a gozar de los deliciosos lujos de lo imprescindible.
Un contacto cara a cara sin la adecuada preparación psicológica actuaría como una bomba en la línea de flotación del capitalismo: superproducción, decenas de millones de parados, miseria y desesperanza, y una acongojante depresión económica junto a la cual el tristemente célebre Crack del 29 se recordaría como algo deseable. Los Martes Negros serán crónica rutinaria en Wall Street, y una frenética avalancha de vendedores de títulos inundará las Bolsas del mundo. Una convulsión económica sin precedentes, originada por el contacto inoportuno, hará naufragar la riqueza de las naciones acumulada por Occidente desde la Revolución Industrial.
¿En qué desembocaría el desmoronamiento psicológico de un vasto ejército de desocupados?. ¿En una proliferación de regímenes autocráticos?. No sabemos si se pondrían de moda las dictaduras como en los años treinta, pero por mucho menos ascendió el bello Adolfo al poder, aprovechando que el populacho atemorizado clamaba por un "salvador de la patria germana". No nos engañemos: los Nunca Identificados no traerán un pollo a cada puchero como preconizaba el rey Enrique IV de Francia ; al menos durante la terapia de choque del bautizo de fuego del contacto abierto. Basta pensar que "si alguna versión del socialismo y la propiedad colectiva de los medios de producción fuesen un principio de vida superior, la economía del mundo libre entraría rápidamente en barrena".
LOS OBJETOS NO IDENTIFICADOS, LOCOMOTORA DE LA ECONOMÍA
Una acotación marginal: ¿podrían los ovnis impulsar el desarrollo económico?. Aunque en principio choque, tal vez sí, cual sustitutivos incruentos de los antiguos combates logísticos.
Así lo contempló al menos la Agencia Central de Inteligencia a mediados de los años sesenta, en su Report from Iron Mointain on the possibility and desirability of peace, interesante estudio prospectivo acerca de la eventual reconversión de la actual industria bélica en una economía de paz estable. Ya sabemos que la imperfecta estructura del capitalismo, regulada por leyes un tanto aleatorias del mercado, ha venido impidiendo la coexistencia de la paz con la prosperidad generalizada, pleno empleo y una tasa aceptable de expansión. Los expertos civiles no han sabido evitar que el bienestar de las fases de bonanza degenere al cabo del tiempo en una depresión, lo que se traduce en stocks invendidos, cierre de empresas, despidos y una peligrosa efervescencia social.
La elite política, hombres de negocios y grandes financieros del llamado Gobierno Invisible idearon hace mucho una solución tan inteligente como cruel a esta desastrosa secuencia de crisis periódicas: generar un insaciable y artificial agujero negro de consumo de bienes y servicios, de elasticidad ilimitada y al margen del mercado ordinario, incapaz éste de absorber el exceso de mercaderías. Tal vórtice de extinción masiva de artículos manufacturados es ni más ni menos que la guerra. Las dos últimas conflagraciones mundiales, y los conflictos de Corea, Vietnam y el Golfo, han sido -entre otras muchas- contiendas esencialmente económicas y reactivadoras del flujo productivo, aunque respaldadas también por otras motivaciones sociopolíticas de menor calado.
Después del colapso del imperio soviético y de la clausura de la rentable guerra fría nos hemos quedado sin oponente al que apuntar los cañones. El capitalismo, con el fin de paliar sus trágicos altibajos, necesitaría enfrentar el siglo XXI con el novedoso desafío de otro enemigo ficticio y paradigmático, al que se combatiría indefinidamente mediante la tercera gran guerra. Pero en el turno del milenio las bombas de hidrógeno se almacenan por millares y ya no es posible recurrir al modelo clásico de contiendas entre naciones ( que además son fuertemente impopulares ), sin que precipiten una debacle atómica y el entierro ecológico del planeta, lo que coloca a los conflictos armados tradicionales fuera de juego como energizadores económicos.
La carrera espacial sumada a la Guerra de las Galaxias ( S.D.I. ) son ingeniosos substitutos de las luchas fraticidas en pro de mantener a tope la facturación y la nómina, pero su efecto multiplicador es limitado.
Si se quiere alejar el espectro de la recesión, sin provocar la autodestrucción del planeta y manteniendo intacto el substrato social del tejido económico, es imperativo algún remedio más enérgico.
Una alternativa eficiente y por demás diabólica consistiría en inventarse a la medida la imagen pública de un gran enemigo "carismático", inextinguible y por lo tanto a perpetuidad, el antagonista ideal, invisible y omnipresente
al que, para empezar, se le atribuiría cínicamente la presunción -incomprobable- de existencia. A continuación se organizaría la más legítima de las defensas patrióticas, librando pedidos por miles de millones capaces de alimentar año tras año la hoguera económica y sin derramamiento de sangre, lo que no es poca ventaja ( programas de investigación, novedosos sistemas propulsivos, armas de vanguardia, dispositivos de alta tecnología como el S.D.I., vehículos futuristas, asalto preventivo a otros astros, etcétera ).
Ningún contendiente más intangible y ambiguo, y por tanto mejor manipulable ante la opinión, que una fantasmal Amenaza Extraterrestre, surrealista invasión marciana a la que cabe asignar todas las malas intenciones y perversidades imaginables, sin necesidad de demostrarlas. Con el bendito propósito de no precipitar a la sociedad civil en una calamitosa economía de paz, la CIA en su citado informe Iron Mountain ha barajado la posibilidad -que no es ciencia/ficción- de que el Pentágono orqueste otra reciclada guerra fría de dimensiones cósmicas y adaptada a la era del espacio, bajo la coartada de "prevenir un ataque interplanetario".
Pugna que iría precedida, como todas las batallas, por otra guerra psicológica de lavado de cerebros y exaltación de los ánimos que allane la inercia popular, en una vasta campaña de persuasión colectiva tendente a sembrar la aversión hacia los malvados ufonautas, y avivar un miedo difuso a la par que cierta tensión belicista contra "los dinamiteros de la especie humana". Un estado de opinión que justifique subsiguientes inversiones en preparativos militares en gran escala.
Con todo habría que escenificar el detonante previo de un nuevo Pearl Harbour, es decir, inyectar una potente dosis de adrenalina patriótica capaz de levantar en pie de guerra a una ciudadanía hedonista absorta en la tranquila felicidad del consumismo.
A estos efectos con la tecnología actual sería factible simular una ofensiva de los ganimedianos proyectando imágenes holográficas en el firmamento, amén de la exhibición de ingenios aéreos de frontera que se harían pasar por platillos volantes agresores. Como alternativa opcional, y para el caso de que nuestros inexistentes "enemigos" iniciasen un contacto abierto desde el espacio exterior, el pacífico intento de acercamiento podría ser arteramente tergiversado por los servicios de inteligencia, presentándolo ante la opinión como una temible invasión alienígena. El gran pretexto capaz de justificar un titánico esfuerzo industrial necesario para poner en marcha "la defensa permanente de nuestro espacio jurisdiccional en el cosmos", y de paso reavivar la demanda hasta el fin de los próximos tiempos.
El lector estará pensando que todo lo anterior suena a fantaciencia. Pues bien, en un discurso dirigido el 3 de diciembre de 1985 a los alumnos de un colegio de segunda enseñanza en Fallston ( Maine ) Ronald Reagan reveló que en su reciente cumbre de cinco horas con Gorvachov en Ginebra, ambos dignatarios habían acordado olvidar sus diferencias y aunar el doble poderío militar de EE.UU. y Rusia, en la eventualidad de que se produjese un ataque contra la Tierra desde otro mundo. Y refiriéndose de nuevo a una posible confrontación interplanetaria, el Presidente americano expresó el 3 de mayo de 1988, ante el Foro Nacional de Seguridad Estratégica, que la humanidad se uniría en un solo bloque para hacer frente a una amenaza extraterrestre.
DERRUMBE DE LAS INSTITUCIONES
¿Si yo tuviera una escoba.....? cuántas cosas barrería !, rezaba una cancioncita de mediados de los setenta. Tantas cosas como se llevará por delante el huracán del contacto. El panorama de lo que derribarán las trompetas de Jericó en el contacto público es de nunca acabar. Los efectos de la metalógica extraterrestre, calcada de vigentes utopías siderales, resultarían devastadores para nuestro sistema de creencias y las actuales relaciones de poder/sumisión. También serían violentamente trastocados la razón de ser y el rol de los individuos en la arcaizante sociedad que dé paso al contacto.
En contraste con el avanzado saber y acatamiento de las leyes naturales por parte de los pensadores de la Vía Láctea, los periclitados dogmas de nuestras ciencias experimentales fenecerán arrumbados tal inservibles elucubraciones del ayer. El influyente lobby de los científicos correría una suerte paralela, pasando con más pena que gloria a la prejubilación o a los improvisados crash courses de reciclaje acelerado. En tal sentido es de temer una parálisis de la investigación y la creatividad individuales -motores del progreso- como resultado del reconocimiento de que nuestros datos científicos se han convertido por sorpresa en curiosas antiguallas.
Si el Dia D los jerarcas de Ganímedes descienden de sus mansiones aéreas, traerán bajo el brazo su propia heterodoxia filosófica, de la que ya nos han adelantado profusos vestigios en los escritos inspirados a los contactados. Los postulados ontológicos de estas razas pensantes son como el pleno día contrastados con la noche oscura de nuestra alma discursiva. Las especulaciones que en este mundo han sido desde Platón a Wittgenstein, con todas sus honrosas excepciones, habrá que aparcarlas como el más interesante folklore intelectual, a cambio de los paradigmas cósmicos impartidos por los extranjeros de la Galaxia. En los cuales sugieren que compartimos -ellos y nosotros- un mismo pluricosmos multidimensional regido por la ley y el orden, matriz de infinitos universos paralelos que coexisten interpenetrados ; universos subdivididos a su vez en planos existenciales conformados por diferentes frecuentes vibratorias ; niveles éstos imbricados -cada uno de ellos- mediante específicas categorías de "materia física" ; y como sería de esperar, todos ellos poblados por incontables especies subhomínidas y superhumanas, comprometidas en una eterna ascensión evolutiva de signo heterocéntrico ( lo contrario del egoísmo ) y meritocrático ; o lo que es lo mismo, aprendiendo en carne propia y por experiencia directa a vivenciar el trial and error ( asimilar equivocándose ) en estadios cada vez más complejos y perfeccionados, en el curso de un inagotable periplo desde el electrón hasta el Absoluto.
Por todos los indicios se avecina un relevo contactológico en la tradición filosófica, contaminada por el subjetivismo de nuestro rincón biosférico y pergeñada en una provinciana torre de marfil, de espaldas a la realidad pluridimensional vigente en la cosmocracia. Podemos apostar a que nuestro vademecum filosófico va a resultar incompatible con la removedora mutación del contacto, hasta reducirse a una hermosa inutilidad a relegar con nostalgia en el desván de la historia del pensamiento en este orbe paradójico tan atrasado como electrizante.
La consecuencia es que en la postmodernidad exosférica necesitaremos estrenar una metafísica de nuevo cuño, bien adaptada al desafiante esquema de las cosas que es moneda corriente en el hipercomplejo ensamblaje de orbes, entes y circunstancias que glorifican la ubérrima cosmosfera que por fortuna es nuestro hogar. Más nos valdría por consiguiente ir preparando ya alguna suerte de Guía del Infiniverso capaz de orientarnos cuando en un futuro nos enfrasquemos en la aventura de la exploración del inimaginable omniverso que sin saberlo habitamos, cuyas compuertas serán abiertas para el hombre por primera vez en la historia gracias al contacto en masa.
Hará las veces de un pasaporte a otros mundos que nadie nos regala, y que habremos de ganarnos mediante el esfuerzo evolutivo individual, con la generosa perspectiva de que el homo sapiens protagonice en directo y a tumba abierta los infinitos atributos, situaciones y experiencias que nos aguardan en la unisfera.
En el plano de la religión las purificativas brisas del contacto aventarán definitivamente los dogmas cristalizados, que siglo tras siglo han aherrojado la libertad de pensamiento del hombre y su derecho a buscar la verdad por sí mismo. Y se llevarán de paso la razón de ser de iglesias y sectas, al entrar en vigor concepciones universalistas de la ética que priva en el multicosmos, y la permisible comunión vis a vis con el campo energético del Todo. Para unirnos a lo Alto ya no dependeremos de "conectadores" profesionales revestidos de hábitos talares. Un catártico vendaval intragaláctico amenaza así con dinamitar el statu quo religioso, minado por la esclerosis y el estancamiento. Según el catecismo alienígena, gozamos del derecho a una relación individual, privada y directa con los hipotéticos y más encumbrados poderes superiores, sin necesidad alguna de intermediarios, rituales, templos ni funcionarios clericales. El "pueblo elegido" bulle sin exclusivismo alguno en el planeta entero, y el único sacramento natural subyace en el corazón del hombre, un ser autónomo capacitado para ascender -o incluso involucionar- libremente a su aire en cualesquier escala de Jacob imaginable.
Una vez el contacto en marcha no pervivirá excomunión alguna, puniciones postmortem, ira de Jehová o ángel exterminador con los que seguir amenazando a una población liberada. Nadie podrá de ahí en adelante firmarnos el salvoconducto hacia un fuego eterno inexistente. Las Inquisiciones se pudrirán en el arca de los pésimos recuerdos, velando a la arrogante hipocresía, la pompa y una refinada crueldad disfrazada con ropajes espirituales.
Las mundanales estructuras eclesiásticas se desintegrarán por sí solas como un castillo de naipes, agotadas por su carencia de cimientos legítimos y haberse extinguido su demanda social. Y las cataratas de sangre, sudor y lágrimas en nombre de Dios se habrán desvanecido en la estela de la historia, esperemos que para siempre.
En cuanto a la unificación semántica, al general De Gaulle le debemos un irónico epigrama referido a la patria de Descartes: Un país con 2.000 variedades de quesos es ingobernable. Lo mismo cabe argumentar de nuestro solar planetario, cuadriculado por millares de incomunicables reinos de taifas lingüísticos. Es de cajón que el contacto conllevaría la derrota de Atila y una hegemonía de los "unos": una sola nación en todo el mapa mundi, un gobierno único y naturalmente la abolición de la torre de Babel para dar paso a un idioma común: inglés, esperanto o algún léxico simple y racional traído de las estrellas.
Tarde o temprano el contacto instaurará asimismo un "fin de las ideologías", el régimen político puesto a prueba en otros astros que han racionalizado su modus vivendi, que no es otro que el autogobierno por el propio individuo responsable. Una vez que todo el mundo haga de motu propio lo que le corresponde, el Ejecutivo estatal cumplirá a lo más funciones subsidiarias de arbitraje, gestión de excepciones y coordinación de conjunto. El único residuo de teoría política sobrevivirá en la consecución de la justicia y el bien común. En semejante impasse de atonía ideológica, capitalismo/comunismo, derecha/izquierda, idearios de partidos y manifiestos electorales pasarán a ser rememoranzas fuera de contexto.
En otro orden de cosas, cuando nos explote entre las manos el seísmo doctrinal del contacto sufriremos más de un traumatismo, pero el primero será de naturaleza mental. El bulldozer alienígena se apresta a desalojarnos sin contemplaciones del microclima pueblerino y de los bienamados ideales en los que hemos crecido, y arrasará el tinglado de nuestras más arraigadas -e infundadas- creencias. Una vez enfrentada a la revolución exosférica, más radical aún que la copernicana, la humanidad se vería presionada a expandir de forma dramática sus horizontes psicoemocionales, si pretende dar cumplida acogida a la nueva revelación.
¿Pero lograríamos vencer la inercia y cerrazón mental causadas por prejuicios ancestrales que nada tienen que ver con la realidad cósmica?. Se barrunta un fortísimo impacto intelectual, diseñado por los gestores del contacto en orden a remodelar de arriba abajo la mentalidad colectiva, y acomodarla a la axiomática generalmente aceptada por las civilizaciones líderes en el omniverso. La gente corriente, sin una base cultural y sumida en las rutinarias preocupaciones de la vida diaria, no está capacitada para asimilar de buenas a primeras el torrente de heterodoxia galáctica que se nos echa encima. Llegado el crítico Momento Cero, la desorientada manada terrestre, incapaz de amoldarse a los ampliados horizontes conceptuales importados de otras dimensiones, puede caer en la desesperación y se encaminará hacia un desequilibrio colectivo, a un auténtico colapso en el campo de las ideas y sentimientos.
Considerando que al igual que el orgullo del hombre sufrió un rudo golpe al pasar de complacerse como el motor de la Creación a un modesto heliocentrismo, nos aguarda en el vecino milenio otra epatante sacudida, ésta tal vez insuperable, por el próximo desplazamiento a una hipótesis cosmocéntrica, en la que ya no seremos el alma y corazón de ningún universo, y mucho menos su especie rectora. Y en cuanto quede pulverizado el opio tan consolador de que otras esferas nos rinden pleitesía, se esfumarán de golpe 5.000 años de culto sedante al ego narcisista del homo in-sapiens, dejando en su lugar el reinado de la inseguridad y un lóbrego vacío. Situación tan desoladora no es raro que degenere en una pandemia de depresiones psíquicas.
Seamos realistas y no aspiremos a absorber sin tribulaciones el evangelio del heterocentrismo ( el prójimo y el bien general antes que yo mismo ), instaurado como regla fáctica en el multiverso. Ni la noción complementaria insuflada por el Espacio de que somos humildes aunque insustituibles piezas en la gran maquinaria cosmosférica ; y que nuestra misión en la vida consiste en colaborar tal engranajes sinérgicos para el óptimo funcionamiento de la Totalidad.
La verdad omniversal nos hará libres, pero al mismo tiempo puede anonadar a un linaje calcificado por la egopatía crónica, teniendo en cuenta que "el desafío de los nuevos valores amenaza lo que a lo largo de la historia ha proporcionado al ser humano apoyo, confort interior y seguridad".
¿Cuál será el impacto de este brusco páramo ideológico en la conciencia colectiva?. Es de prever que cuando el contacto desmorone el conformista mapa intelectual de gran parte de los ciudadanos, y con sus creencias más entrañables echadas por tierra, mucha gente desilusionada y sin metas se hundirá desmoralizada en el nihilismo ; carne de cañón para la demagogia de los explotadores de turno interesados en que no prospere el contacto. Del mismo modo se haría pedazos la confianza popular en el gobierno, una vez que se descubra el monstruoso engaño sobre los ovnis alimentado por la estratosfera política desde la segunda guerra mundial.
REACCIÓN MAXIMALISTA DEL GRUPO DOMINANTE
El enemigo número uno del contacto abierto será el sabotaje interno desde las filas terrestres involucionistas. Hemos pasado revista al revolucionario estado de cosas tras el estallido del contacto a las claras, deducido por la lógica del análisis prospectivo. Cuando se nos venga encima el reconocimiento público de que otros ecosistemas han pasado tarjeta y piden audiencia, y previo los parangones de rigor entre la vida en la Tierra y las condiciones de libertad y justicia imperantes en otros reinos, los desheredados en sentido amplio, al atisbar las seductoras ventajas para los ciudadanos de a pie que son lugar común entre nuestros hermanos siderales, exigirán provocativos cambios en múltiples aspectos de la vida comunitaria, blandiendo como modelo a imitar la más equitativa organización social extraterrestre, basada en la democracia real del mérito y la igualdad de oportunidades.
¿Cuáles van a ser los efectos de estas reivindicaciones populares sobre la actual estratificación socioeconómica?. La idea de que El Espacio nos está ofertando sus avanzadas pautas éticas y sociales es profundamente subversiva en sí misma, y prueba de ello es la ferocidad con la cual tanto los regímenes marxistas como las democracias liberales reprimen la difusión del virus marciano.
Y no es para menos, si traemos a colación que "en este planeta todo gobierno sirve los intereses de una omnipotente y reducida oligarquía." Y que desde siempre han prevalecido la explotación y los intereses egoístas más despiadados de una minoría todopoderosa. El primer resultado que cabe esperar del intercambio con comunidades que han cartesianizado su estructura social, es un desmoronamiento en cascada de privilegios milenarios, la desarticulación de infinidad de intereses creados y el socavamiento irremisible del sistema de castas.
Un objetivo previo a gestionar por los oprimidos residiría en la erradicación definitiva de la injusticia y la implantación de un orden social más equitativo, al estilo del ejemplo brindado por las falanges de los planos etéricos, que no se avergüenzan de opulentos ni descamisados, tanto a nivel de la equivalente información y cultura impartidas a todos los individuos, como en recursos materiales. A lo que hay que añadir su igualdad real de oportunidades en cuanto al desarrollo personal mediante el trabajo meritocrático ( el que libremente prefiera no esforzarse, tendrá acceso a menos cantidad y calidad de bienes y servicios disponibles, incluidos los espirituales, y su crecimiento interior será más pausado ).
Con el contacto E.T. culminaría por fin el control del grupo dominante sobre el estado llano, milagro desconocido desde épocas prehistóricas. Las guerras ya no harán falta como combustible de la prosperidad, y el nuevo régimen resultaría calamitoso para los potentados desde la cuna, las "cuarenta familias" que tras ser depuestas perderían su omnímoda influencia.
Conforme los medios de comunicación vayan informando de cómo piensan y aman, gozan y viven en sus planetas de origen los androides que nos giran visita diplomática, no tardaremos en establecer útiles comparaciones. Y para bienvenida sorpresa quedaremos empapados de que en nuestro mismo latifundio cósmico perviven otras mansiones donde, según los propios alienoides, reinan el sentido común, la equidad y el orden racional establecido por las leyes universales. ¿En qué consiste semejante código ordenador del cosmos?. Aparte de otras muchas cosas, en un sistema abierto de posibilidades igualitarias donde las bulas y clases son impensables ; en el que la verdad, la belleza y la información son bienes libres no acaparados por unos pocos ; que el pluriverso entero con toda su inagotable riqueza puede ser protagonizado por y es propiedad de los seres conscientes, que ostentan el derecho de usufructo de los mundos ; Que todo en el hipercosmos está al alcance de todos a cambio únicamente de libérrima volición de cada cual, laboriosidad y afán de superación ; que no hay analfabetos versus supercultos ni miserables frente a cresos ; que faltan los oprimidos porque tampoco se dan opresores ; que ningún hombre tiene por qué explotar a otro hombre y la población goza por igual del patrimonio existente ; y que los unos ni temen ni odian a los otros.
Ante tan esperanzador despliegue de exoantropología comparada, los ciudadanos de a pie nos alzaremos en gandhianas armas de la lógica y la razón para exigir la instauración aquí y ahora de tan posibilista utopía interdimensional. ¿Y quiénes serían entonces los primeros en caer?. Pues como es obvio los que van contra la invencible corriente del futuro: los que acaparan, imponen y abusan, los monopolizadores de la tarta material y de la información ( recordemos que saber es poder ), los traficantes de la ignorancia y el miedo.
Pero éstos son justamente los que controlan los cañones y la mantequilla, el poder, los cargos, la energía financiera, los media, todo. En tales condiciones, ¿triunfaría una insurrección emancipadora contra la archipoderosa oligarquía dominante?. No nos extrañemos de que se trunque antes de arrancar. Porque mejor que desprenderse de sus bienamadas sinecuras los encumbrados maquinarían abortar por cualquier medio el incipiente movimiento contactista.
Y aprovecharán la ocasión para perpetuar sus prerrogativas y lo que hemos padecido cincuenta años: un degradante estado de ignorancia social acerca de otras culturas exobiológicas que aguardan darnos la mano. Y así "los que mandan" nos seguirán imponiendo por decreto su fantasmagórico universo deshabitado en el que según ellos sí estamos solos y del cual somos por lo visto reyezuelos nada edificantes. Pero más nos vale pisar tierra firme: he aquí la pragmática nómina de los enemigos feroces del contacto irrestricto, los reaccionarios que lucharán a muerte hasta clausurarlo.
LOS GRANDES PERDEDORES EN UN CONTACTO GENERALIZADO
- El denominado gobierno en la sombra: superbancos, financieros internacionales, sociedades secretas, personajes ocultos de la supuesta conspiración mundial ( Sabios de Sión ).
- Líderes de las potencias hegemónicas.
- Cúpulas de la clase política. Aparato de los partidos.
- Funcionarios públicos con alma de burócratas.
- Agencias del contraespionaje, organismos de la inteligencia, C.I.A., otras K.G.B. de turno, CESID, comité ultrasecreto Magestic-12. Y los muchos ladrones que le roban al pueblo la información que le pertenece.
- Policía, F.B.I., servicio secreto, cuerpos represivos.
- Mandos y generales de los ejércitos.
- Lobbies y grupos de presión. Multinacionales. Grandes corporaciones.
- Petroleros, cartel del automóvil, firmas aeronáuticas.
- Fabricantes y distribuidores de armas.
- Clase médica. Laboratorios. Sector farmacéutico. Saboteadores de la medicina preventiva.
- Envenenadores públicos. Contaminadores de alimentos manipulados. Productores de fertilizantes químicos, carnes hormonadas, vacas locas. Compañías tabaqueras y propagadores de placenteros tóxicos alcohólicos.
- Negociantes antiecológicos: despilfarradores de recursos planetarios, desforestadores, industrias polucionantes, urbanizadoras que destruyen la naturaleza.
- Mafia, extorsionadores, impuestos revolucionarios. Inoculadores del miedo en la sociedad.
- Terroristas. Asesinos y chantajistas por causas que ellos llaman "justas".
- Narcotraficantes.
- Drogadictos, alcohólicos y ludópatas.
- Delincuentes, criminales e incívicos.
- Egoístas y desconsiderados que usan el mundo como su cortijo.
- Beneficiarios de la corrupción. Saqueadores de las arcas públicas.
- Profesionales de la violencia, la amenaza y el temor. Perturbadores de la tranquilidad colectiva.
- Huelguistas inciviles, coaccionadores y antisociales.
- Nacionalistas. Instigadores de odios interétnicos y guerras civiles. Racistas. Defensores de la vuelta a los reinos de taifas. Ortodoxos e intransigentes religiosos. Exaltados de las lenguas vernáculas.
- Corruptores sociales: arquitectos de la opinión pública, educadores sectarios, intoxicadores de la ideología popular.
- Censores. Acaparadores, ocultadores, tergiversadores y manipuladores de la verdad pública y propiedad de todos.
- Científicos y pensadores pagados por el poder, vendedores de su integridad intelectual y especialistas en engañar a sus compatriotas.
- Infraestructuras mundanales de confesiones religiosas. Sectas, sacerdotes y clérigos.
- Fieles de las religiones multitudinarias ancladas en el medioevo.
- Fanáticos, patriotas exclusivistas, aldeanos de corazón, sectarios y dogmáticos.
- Inquisidores. El Vaticano. Intolerantes y exterminadores en nombre de Dios, de la patria o la raza. Integristas islámicos.
- Machistas y opresores de la mujer.
- Los inteligentes y "superiores" homo sapiens que desprecian, explotan, maltratan, asesinan y se comen a los animales.
- Plutócratas, prepotentes, explotadores de los inferiores.
- Narcisistas y ególatras. Alta sociedad, snobs. Adictos al consumismo. Cultistas del lujo ostentoso. Colgados de la fama.
- Infectados por las patologías del becerro de oro. Adoradores del dinero. Avaros, contadores de billetes, amasadores de fortunas a cualquier precio. Esclavos del poderoso caballero.
- Irresponsables. Gorrones, hijos de papá. Tiradores con pólvora ajena. Chupópteros de la Administración pública. Vividores a costa del prójimo.
- Flojos, indolentes, perezosos. Bon vivants, artistas del no hacer nada. Expertos en que otros suden por ellos y les salven de morirse de hambre. Ricos por su casa, maestros en no doblarla.
- Ritualistas del placer. Sensuales, epicúreos, hedonistas, gourmets, refinados catadores. Apasionados de la vida muelle. ( A éstos los montamos en el furgón de cola por ser meros pecadores veniales. Cualquier día los sacamos de tan siniestro inventario ).
REBELIÓN DE LOS PRIVILEGIADOS
El impresionante listado que acabamos de examinar sobre los que temen perder bastante más que sus cadenas si se desata el contacto, pone de manifiesto que los derrotables son cientos de miles, ocupan la cima de las glorias de este mundo y controlan todos los recursos. La terrible oposición de los poderosos e invencibles no se hará esperar en cuanto barrunten el estruendoso galope de los jinetes del apocalipsis espacial, que saben muy bien los desalojarán de sus mal ganados tronos del prestigio, vida suntuaria, preeminencias sin límite y expolio de los de abajo.
De otra parte, si como ya hemos apuntado las circunstancias favorecieran el triunfo de la fase inicial del contacto antes del golpe de estado de los grupos de presión, la rápida obsolescencia de los sectores clave de la energía, defensa, automoción y artículos de consumo ocasionará la desocupación de millones de trabajadores, hambre, miseria física y moral por doquier y la crisis económica más brutal nunca contemplada por estos lares.
En correspondencia con una situación fuera de control en las calles, la elite del poder tomará en prevención posiciones estratégicas en orden a planear, manu militari, un feroz contraataque contra los preocupantes avances del contacto. Estos "poseedores de todo" se aliarán si hace falta con la Mafia, capos de la droga, negociantes de armamento, oficiales ultras y otros beneficiarios de la corrupción a gran escala, con ánimo de impedir mediante procedimientos draconianos -sin descartar medidas bélicas- el fin de su influencia y un declive de sus vastas inversiones económicas.
Intereses creados inmovilistas conspiran a su vez contra los aires renovadores del contacto. Las corporativas burocracias de las administraciones públicas aunadas a las numerosas instituciones que perviven del lucro, así como los que ostentan ventajosas situaciones de hecho, influencia, autoridad y una existencia al abrigo del infortunio, torpedearán bajo común acuerdo cualquier vuelco del statu quo que tanto les beneficia, echando mano de todos los medios a su alcance, que son muchos y poderosos.
¿No es ingenuo pensar que acudirían sumisos al matadero económico la General Motors, las corporaciones transnacionales y los oligarcas que se apropian de las billonarias ganancias del oro negro, los estupefacientes, ametralladoras y medicamentos?. ¿O más bien se curarían en salud erradicando por métodos violentos, incluidas las operaciones militares, todo intento subversivo de redistribución de la riqueza, igualitarismo social e implantación de energías ecológicas alternativas del crudo?.
Es natural que quienes desde siempre han manipulado bajo cuerda los resortes esenciales de la economía no van a permitir como mansos corderos que de la noche a la mañana el desembarco extraterrestre les arrebate sus negocios y prebendas que les rinden -a costa de otros- oro, poder personal e incienso al ego. El club de la opulencia sabe muy bien que la conmoción E.T. derruirá lo que se opone a la igualdad, la justicia y el bienestar de la mayoría, y sus miembros están dispuestos a preservar sus colosales intereses, si hace falta a sangre y fuego.
El entramado estatal, imperfecto y harto injusto, sería de lo primero en tambalearse, hasta un inevitable derrocamiento de la clase política acompañado de la disolución de la partitocracia tradicional que sólo se dedica a su propio beneficio. Los nuevos dirigentes públicos se designarían provisionalmente entre los de máxima integridad y mejor dotados para las tareas de gobierno. En la hipersensible casta militar ( proclive a las asonadas, dueña de los arsenales y acostumbrada al ordeno y mando, abundante holganza y vida muelle ), las repercusiones del contacto adquirirían tintes particularmente dramáticos. Al comprobar su indefensión ante la abrumadora ventaja de la logística sideral, el intocable estamento castrense se vería sacudido por sentimientos nada aconsejables de aprensión, nerviosismo e incertidumbre, reforzados por el debilitamiento de la autoridad civil y la creciente agitación popular en la calle. En este amenazador pandemonium y ruido de sables, el recurso a la fuerza para entronizar un régimen autoritario que restaure el orden y "los valores ancestrales", sería contemplado por la oficialidad como la única alternativa.
Antes de pasar por la vejación de deponer sus sacrosantos privilegios, el Establishment echará mano de la soberbia y de los enérgicos recursos a su alcance con tal de alargar su era de dominio. Si desembocamos en una situación insostenible, lo más probable es el levantamiento de los poderosos y la instauración de un férreo sistema totalitario, a instancias del Gobierno Invisible y secundado por el ejército, con el fin de normalizar la actividad económica y reimponer la estabilidad social. Y por supuesto dar un carpetazo al contacto abierto.
Para volver a empuñar las riendas los mandatarios depuestos orquestarán campañas de desinformación y lavado de cerebros enlodando la imagen de los ufonautas. Y recurrirán, cómo no, al boicot de las reformas al tiempo que dan pábulo a iracundas amenazas de cara a la galería contra los "malhechores galácticos" y sus aliados en tierra. Y finalmente pondrán en marcha el alzamiento en armas, cual Don Quijote contra los esplendorosos molinos de viento de la nueva era. Sólo que en lugar de herrumbrosas lanzas esta vez blandirán sus apocalípticas espoletas Hiroshima, mon amour. Si queda algo de los dinamiteros de Gaia, de los humillados y ofendidos convertidos en gas y de los huéspedes extraterrenos, serán nuestras cenizas hermanadas flotando en la atmósfera gélida del planeta inservible.
Y a estas alturas de "la novela del contacto" no debemos olvidar que siempre que se ciernen en el horizonte los nubarrones de hordas sin trabajo ni pan, turbulencia social y huracanes revolucionarios, los dueños del mundo se las arreglan para organizar una oportuna guerra curalotodo, en orden a acallar a la oposición, perpetuar su autoridad y salvar una vez más su poderío amenazado.
¿Qué han de temer por otro lado los periclitados nacionalismos de las relaciones con exoculturas ultraevolucionadas?. Nada menos que su propio hara-kiri. La marea universalizadora de allende el Espacio impondrá el planeta, el sistema solar y la galaxia como nuevos superhabitats sociológicos y administrativos. Cruzado tal rubicón la única patria será el universo. En semejante contexto globalizador las anacrónicas tribus nacionales de mente estrecha y culturas cerradas habrán perdido su raison d´etre, y se verán abocadas a fusionarse en el gobierno unitario de una supernación planetarizada. Ni que decir tiene que antes de su inmolación las patrias chicas lucharán con uñas y dientes contra un contacto que acabaría borrándolas del mapa.
Pero, ¿y el desarme?. Es de sentido común que los pacíficos expedicionarios de los años-luz preconicen nada más presentarse el desmantelamiento de los arsenales, en particular los ingenios nucleares acumulados desde 1945. ¿Accederían las potencias líderes y sus elites dirigentes a ser desposeídas de tan enorme poder disuasorio?. Pensemos que más bien se resistirán a sangre y fuego, hasta el extremo de que algún jerarca obnubilado por la perspectiva de perder su capacidad coercitiva puede caer en la locura de usar las bombas antes de entregarlas, lanzándolas -en una demencial huída hacia adelante- contra la nación que le haga más sombra. La cual obviamente no se cruzaría de brazos y le responderá con otra andanada atómica. He aquí una versión nada improbable de la tercera guerra mundial, vinculada en este caso a un contacto abierto.
Abundando en la pugna: nacionalismos versus planetarización de la vida, ¿van a asumir sin estertores bélicos las grandes y medianas potencias el trauma de arriar sus sagradas banderas, sumado a la demolición de fronteras, aduanas, monedas, gobiernos y ejércitos?. ¿Rendirán de buen grado su identidad estatal y temible aparato defensivo Europa, EE.UU., Rusia y China?. O exasperadas por ver naufragar su soberanía y preeminencia, ¿optarán por competir unas naciones contra otras en una espiral de suicidas contiendas tribales con armas de destrucción masiva, "solucionando" de paso la perturbación alienígena?.
En lo que se refiere a las indirectas aplicaciones bélicas de la tecnología civil allegada del espacio, hay que considerar que una vez instaurado el trueque de cesiones mutuas con otros astros habitados, tendría lugar la recepción de patentes sobre dispositivos ideados en principio para resolver los múltiples problemas materiales que agobian a la sociedad terrestre.
Es ingenuo pensar que estos providenciales inventos serán aprovechados con fines exclusivamente pacíficos de progreso técnico y económico. La minoría que detenta el poder va a intentar con descarado cinismo monopolizar los secretos cedidos por la inteligencia exterior, y los acapararía